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El origen de Maquiavélico

El origen de Maquiavélico "Creemos que el diablo se hizo malo no por naturaleza, sino por albedrío." (IV Concilio de Letrán, 1215, Denzinger 427).

Vendí mi alma al Diablo por que vendérsela a Dios era poco rentable. Eso, sumado a mi natural inclinación hacía lo no aceptado como virtuoso, me llevan al final de mis días a hacerme la pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez, ¿qué pasa cuando la palmas? ¿la putrefacción del cuerpo lo es también de la mente? Siempre he creído que si. Que todo acaba cuando el corazón deja de bombear el líquido y rojo elemento a través de las venas por nuestro interior. Pero ahora que mi muerte es inminente, no estoy yo tan seguro. ¿Vendrá acaso Satanás a reclamar lo que le pertenece en justicia? Bien es verdad que jamás firme ningún contrato con Él, ni nunca apareció en mis sueños o en mis delirios alcohólicos. Pero creo, sin temor a errar demasiado, a que pertenezco a esos hombres condenados, pues aún siendo mala persona, y sin mucho remordimiento, las cosas me han ido bien durante muchos años, y los rurales me cogieron por que yo así lo elegí, harto ya de vivir huyendo.
En la asfixiante celda en la que me encuentro espero a la Muerte. La ratas campan a sus anchas y se alimentan, al igual que los presos algunas veces, de los granos de maíz que salen de los colchones de panochas y hojas secas de la planta. Los piojos se nutren de nuestra sangre y así un pequeño parque zoológico nos acompaña de día y de noche. A veces los perros de los vigilantes también se unen a la comitiva del calabozo. Algunos reclusos incluso hacen que los canes les chupen las heridas. Yo, por mi parte, como ya les he dicho he tenido suerte y no tengo heridas en mi piel. La sarna y las fiebres me han respetado, al igual que un servidor a ellas. Pronto me darán igual las enfermedades y los contratiempos de los mortales, pues aquí, en mitad de la inmundicia y el desasosiego, espero a que me cuelguen por el cuello hasta morir. No alimento ninguna esperanza de salvarme de la horca, pues los que pudieron rescatarme, o están muy lejos o muy muertos para hacerlo. No me arrepiento de nada de lo que hice en el pasado. Nunca hice daño a quien no se lo mereciera o al que se enterara del mismo. Los hombres que han bebido conmigo y las mujeres que me amaron, no creo que testifiquen el Día del Juicio contra mí. O a lo mejor sí, nunca se sabe.
"Comienzo de La vida inventada de Miguel, el Loco sin Sarna"
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