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Cuento de la mosquita muerta

Cuento de la mosquita muerta Érase una vez que se era,
una mosquita verde
que era tan delicada
y primorosa
que solo picaba
en las mierdas de los
niños más guapos del barrio.
Un día, desobedeciendo
a su mamá mosca,
rebasó los límites del descampado
donde la mosquita
vivía feliz,
pero intrigada por saber
que se hallaba
a la vuelta de la esquina.
Vio tiendas de golosinas
y una parada del rojo
autobús 33.
Una pescadería,
donde sus semejantes
se paseaban por los ojos muertos del pescado.
Un mojón de acre olor
que no probó,
por estar lleno de moscas corrientes,
sin la panza verde de la mosquita,
ni azul, tan siquiera.
Llegó al final de la calle
y quiso continuar.
Cuando llevaba un rato volando
entre árboles nuevos
y desconocidas farolas,
una luz violeta
la invocó,
y nuestra mosca,
nuestra mosquita verde
como la esperanza,
hipnotizada por el color y el zumbido,
se precipitó
a un extraño lugar enrejado.
La mosquita murió
electrocutada
cayendo sobre la sopa
de un señor con bisoñé.
Nuestra mosca, verde,
nuestra querida mosquita,
muerta.

Fin
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