doglifeBienvenidos a la vida perra |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2005. Estaciones En el desierto,surcado por el cemento, los madrigales se van lejos, a encontrarse con el mar. Quisiera disiparme organización celular menos compleja, que me elevaría hacia lo ignoto. Pasaría el invierno en el sur, con las canciones y las ocas y en el estío, cada vez más prolongado fundiría mi ser con las nieves eternas y los sonidos del crujir de los glaciares. En otoño sería esencia de fruto para poder nadar en tu boca, y en la siguiente primavera renacería de nuevo y corriendo subiría las andesitas para encontrarte entre piropos y almandinos con el Mar Menor en lontananza. Para Alicia. Para que se cure. Pronto a ser posible Nick Drake en la noche corta Nick Drake en la noche cortahoy la luna era más grande, en serio, un efecto óptico o algo así solo sé que me asfixio y que pequeños insectos pululan ignorantes no tienen conciencia de si mismos yo la tengo, se la regalaría por un segundo en su nada, los rayos del sol iluminan la cara oculta del mundo aquí entre tinieblas y calor Nick Drake entristece un poco más y me siento un poco menos solo el aislamiento impuesto por las circunstancias el sudor en la piel rugosa ruido de ventilador en la madrugada árida sofocante planeada para fastidiar a los seres insignificantes que sobrevivimos en el hábitat hostil la vida imperceptible acierta pocas veces. Delirio (Novela por capítulos) Ningún signo de mejoría se dio en Raquel durante aquellos días. Como un animal se arrastraba buscando cualquiera sabe que cosa. Pasaba las tardes tranquila, mirando a través de las ventanas, viendo pasar las estaciones. La idea de que el sol desapareciese del cielo le provocaba tal sensación de desasosiego, que no pocas veces estampaba su cuerpo contra la pared y los muebles. Lo increíble es que parecía que lo descubriese cada día, ya que tenía ataques de ira y ansiedad, todos y cada uno de los ocasos que compartí con ella. Lograba convencerse durante las horas de luz que ya siempre sería de día, para descubrir, de nuevo, que no era así. Las noches eran horribles. Con todas las velas y candiles de la casa encendidas en su pequeño cuartucho, yo la velaba, cuidando de que no prendiera fuego como ya había ocurrido en otras ocasiones; mientras ella, paralizada por el miedo, temblaba y gritaba en un eterno delirio nocturno.Los topos emergían de la tierra para cavar en sus mofletes. Eran bichitos sanguinolentos y apestosos, que llevaban gafas de culo de vaso y cascos amarillos con una lámpara de carburo. Con pequeños picos horadaban la carne. Buscaban sus dientes de oro. Otras veces culebras se metían en su interior a través de sus lacrimales, provocándole un picor indescriptible, le recorrían las tripas y salían por su culo o su vagina. El hombre sin dientes le hablaba al oído. Le relataba cuentos, que algunas veces yo transcribía, pues iba repitiendo palabra por palabra lo que este señor le contaba. Era un buen muchacho, solía decir, pero tiene una pena muy grande por que los topos ya se llevaron sus dientes. Yo, por el amor que una vez le procesé, me quedaba en esa habitación, que entre los gritos, las luces amarillentas proyectando lúgubres formas en la pared y el olor a saín se parecía cada vez más al infierno. Las mañanas dormía plácidamente, agotada por los fantasmas de su mente. Yo la observaba y aún conservaba vestigios de la pálida belleza que me cautivó años atrás. Algunas tardes incluso me hablaba, como si no hubiesen pasado los años y se interesaba por viejas amistades, por caducas inquietudes. Y llamaba a Oliver. En esos momentos mi faz se ensombrecía de tal modo, que me preguntaba si me encontraba bien, para volver segundos más tarde a su habitual arrobamiento. Fin del capítulo primero Dibujo: Edvard Munch La siesta en el calor Soñé que capturaba a dos serpientesy todos se alegraban daban una fiesta con patatas fritas y queso. Durante las celebraciones me arrastraba por los chinos por la grava, dibujaba cosas en un cuaderno escribía poemas pero creo que ese ya es otro sueño. Había enormes escaleras de caracol muchos pisos abandonados polvo en los pasillos íbamos a una casa cuidada miraban mis dibujos eran en tinta china sepia los poemas eran repeticiones de palabras. Libros dedicados, tortillas arroz insectos y serpientes. La siesta en el calor eso ha sido. poesía se requiere de mucha desesperación insatisfacción y desilusión para escribir unos pocos buenos poemas. no es para todo mundo ya sea para escribirlos o siquiera para leerlos Bukowski Escudriño la superficie Escudriño la superficie,apenas, y aún no sé siquiera si quiero flanquear la montaña ¿valdrá la pena o el tiempo será perdido en vano? Los prejuicios de posan en mi hombro viejos compañeros de viaje los amo como a un enemigo de los bueno los odio como a mo mismo pero saben tanto... El miedo al cambio fuerte es la mente ude tramas, atajos, arreteras secundarias al meollo de las cosas. Ser sincero es duro decirlo bien alto, peor. Dibujo de Hokusai 09/07/2005 13:22 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar. Calor En el fondo el calor se expande.Las sombras de plantas cucaracha escalando por la blanca montaña sucia. La música hace que las mentes cansadas permanezcan calladas en el mediodía. Los vasos están vacíos en la mesa esperando la prístina agua que no llegara. Ruidos de cacerolas y cucharas de palo. Dios se ha olvidado de nosotros porque nosotros ya nos olvidamos de él antes y la calima, cada vez mayor, se posa en la superficie ablandando las células y desnaturalizando la faz podrida de los campos. Quiero dormir. Cartas a Théo 29 de abril de 1890.Mi querido Théo: ... También, necesitaré 6 brochas; 6 pinceles de cerda y 7 metros de tela o hasta 10. ¿Qué decirte de estos dos meses pasados? Esto no va muy bien; estoy triste y embrutecido, más de lo que sabría expresar y no sé ya dónde estoy. Como el pedido de colores es un poco cargado, puedes demorar la mitad, si te conviene más. Mientras estaba enfermo, hice aún algunas pequeñas telas de cabezas que verás más tarde, recuerdos del Norte; y ahora, acabo de terminar un rincón de pradera lleno de sol, que yo creo más o menos vigoroso. Lo verás muy pronto. Hazme el favor de rogar al señor Aurier que no escriba más artículos sobre mi pintura; dile con insistencia que, por empezar, sus notas sobre mí se engañan, puesto que realmente me siento demasiado entristecido para poder enfrentarme a la publicidad. Hacer cuadros me distrae; pero si oigo hablar de ellos, me causa una pena que él no imagina... He caído enfermo en la época en que hacía las flores de almendro. Si hubiera podido continuar trabajando, puedes deducir que hubiera hecho otros árboles en flor. Ahora, ya casi se han terminado los árboles en flor; verdaderamente no tengo suerte. Sí; hay que tratar de salir de aquí, pero ¿dónde ir? No creo que se pueda estar más encerrado y prisionero que en las casas donde no existen normas de libertad, como en Charenton o en Montevergues. Carta de Vincent van Gogh a su hemano Théo tres meses antes de pegarse un tiro en el pecho. CLOSED Todo está cerradopero el calor se cuela de todas formas. La luz es tenue el despertar lento, del sueño contado en los poemas. Acerca del mundo no digo nada, desconozco toda verdad, no tengo referencias directas por ahora. Necesito una ducha una comida una película un libro y un sueño de nuevo. A lo mejor puedo contarlo otra vez, en unos versos, condenándolo a vivir para siempre. Ilustración: Retrato de Josette de Juan Gris Little pear in syrup Dulce perita en dulceque ya era dulce antes de ser pera y dulce cuello de cisne. Confío en el clavel que abrirá la margarita, confío también en el titanio, duro metal en tan tierno lecho. Tan dulce como carne de membrillo fruto de tu amado otoño, veranillo del membrillo veranillo de San Miguel y ten por seguro que otro Miguel velará por ti en los sueños, dulces sueños, lugar de encuentro de los amantes lejanos. Y al despertar ya habrá pasado todo y el dulzor conquistará los dominios del dolor que se desvanecerá como una mala pesadilla. Y adelante el futuro que te espera dulce pera. Para que Alicia tenga una pronta recuperación. Amén La Taza. Capítulo I Ricardito Peláez se levantó una mañana más a eso de las diez. El sol brillaba ya por lo alto de los edificios. Como de costumbre se afeitó, se aseó, se hizo el lavado del gato, se puso un batín, costroso y encarnado, y se dispuso a desayunar. Con el pan duro de la cena de anoche se hizo un par de tostadas, duras y resecas, muy quemadas, a las que puso sobrasada ligeramente pasada de fecha. En las noticias de la radio constitución europea hasta en la sopa. Como ya se había acabado el café que preparó hace ya tres días, encendió la hornilla y puso la cafetera, que era para ocho personas, en la lumbre. Es curioso que tuviera una cafetera tan grande, pues a su minúsculo apartamento no iba nunca nadie desde que Frasquito murió hacía ya algunos meses. Cuando se dispuso a beber el líquido, aguado y con tonalidades pardas que había perpetrado, algo extraño pasó y es que por primera vez en su vida encontró bueno el café que había preparado. No le dio demasiada importancia. Pero cuando acabó la tercera taza…- Ricardo, Ricardo…-escuchó perplejo desde el fondo de la tacita.- - ¿Quién hay ahí? ¿Quién me llama a estas horas de la mañana? Preguntó mientras miraba detrás de las cortinas y en los cajones. Se sentía muy asustado y realmente tonto. No comprendía lo que sucedía a su alrededor. - Aquí, hijo mío, en la taza. Ricardo miró dentro de la taza y solo vio los posos del café cristalizados por el azúcar. Pero, ¡un momento!, si te fijabas bien, se perfilaba una cara, que cada vez se hacía más nítida. Unos ojos inquisitivos y vivos empezaban a perfilarse, una boca, una gran nariz y una barba larga y tupida. Y además esos ojos lo miraban fijamente. - Ricardo, yo soy tu padre. Nuestro asombrado amigo creyó ser como Luke Skywalker por un segundo. - Ho..Hola papá… Su padre vivía en Burgo de Osma, era gordo, calvo, gafas de culo de botella y tenía una voz tan chillona que parecía que estaban matando un cerdo cuando hablaba. Nada que ver con la bonita voz como de Constantino Romero que se gastaba el que le había saludado. - No, Ricardo, no soy tu padre, ese pecador, yo soy tu padre celestial, soy Jesús. - ¿Cómo que Jesús? mi padre se llama Marciano. Es una escena realmente ridícula, se dijo Ricardo para sus adentros, estaba en pijama, hablando con una taza que decía que era su padre y con Luis del Olmo como fondo parloteando sobre la constitución europea de las narices. - Ya te he dicho que no soy tu padre carnal, Ricardo, que soy la luz que ilumina el mundo, el cordero de Dios, el que salvó al endemoniado de Cafarnaum… - No me entero… ¿entonces donde está mi padre? - Tu padre de verdad está en Soria, yo soy Jesucristo, hijo encarnado de Dios Padre, uno y trino. - ¡Ah! Que lo de padre era una metáfora o algo. No sabemos lo que la omnisciente mente de Jesús pensó en ese momento. Ricardo sospechaba que el anisete que se bebió anoche viendo a la Paula Vázquez en Antena Tres le estaba jugando una mala pasada. - Hijo, ¿tú eres tonto? Escúchame bien. - ¿Qué? Te oigo. - El Apocalipsis descrito por Juan se acerca, y aquellos que en mi nombre hicieron canalladas de todo tipo merecen que el hombre, y después Dios, los castiguemos por el mal que han hecho en el mundo. Tú te ocuparás de lo terrenal y yo en el Día del Juicio Final los condenaré a la vida eterna en las calderas de Pedro Botero. - Pero, ¿a que te refieres? ¿A los testigos de Jehová o a los moros? Ricardo miraba con cara de idiota al interior de la taza e intentaba saber. - No, me refiero a los que basaron su imperio maligno sobre mis enseñanzas. Aquellos que usurparon mi nombre en vano. - ¡Ah, ya! Los austrohúngaros y esa gente, ¿no? - ¿Pero que dices, insensato? - Los del imperio ese, los austrohúngaros. Eran muy malos, ¿no? Hitler y Mussolini y el chino aquel del Japón, que también era del Imperio del Sol Durmiente ese. - No, eso no tiene nada que ver, me estoy refiriendo a la Iglesia, al Vaticano, a los sacerdotes, a los obispos, ¡al Papa! - ¡Ah! Bueno, haber empezado por ahí. ¿Y yo, tengo qué hacer algo? Ricardo le seguía la corriente a la taza vaya que le hiciese algo. Si alguien es capaz de hacer que una taza hablara tenía que ser muy poderoso. Ricardo jamás había pensado ni un instante en sus creencias religiosas. Estaba bautizado, hizo la primera comunión vestido de guardia civil, pero a eso de la confirmación ya no se apuntó por que no le hacían gracia las monjas y las tías que daban catequesis les parecían muy pavas. Siempre con la guitarrita y tal y cual. Feas, con gafas. Y desde ahí nunca se había preocupado por esas cosas. Creía en los fantasmas, en las psicofonías, en las cosas de la parapsicología en general que escuchaba en la radio por las noches, cuando vigilaba la obra donde trabajaba de guardia jurado. Ahora estaba en el paro, por que unos gitanos habían extorsionado a la empresa para que fueran ellos los vigilantes, pero iba de vez en cuando a echar una vistazo por allí, con su compañero Francisco Carretero, Frasquito, al que una noche los gitanos azuzaron un doverman hambriento. Y así se cargaron al pobre Frasquito. - Tú has de castigar a las personas malas y sus templos. Sus imágenes y sus cepillos. No han de quedar cuando venga yo en cuerpo material para la salvación de los hombres. Han de ser purificados con el fuego salvador y con la palabra. Sal ahí fuera y predica mi enseñanza. Destruid todo lo impuro, todo lo idólatra. Iglesias, personas, monjas, banqueros, todo, destruye todo, todo… todo… todo… - Se hará según tu palabra. Ricardo no sabe muy bien por que dijo eso, lo había escuchado en un Belén viviente un día y se acordó y le pareció propicio para el trascendental momento. Oskar Matzerath y los polvos pica-pica Oscar hace constar que fue María la que, después de una pausa opresiva, tomó la bolsita. Y no sólo esto, sino que arrancó una tirita de papel exactamente allí donde decía: Rómpase aquí. Luego me tendió la bolsita abierta. Esta vez fue Oscar el que rehusó, dando las gracias. María logró ofenderse. En forma decidida dejó la bolsita abierta sobre el albornoz. ¿Qué podría yo hacer más que tomarla y ofrecérsela a María, antes de que llegara a entrarle arena?Oscar hace constar que fue María la que metió por la apertura de la bolsita y luego lo sacó, manteniéndolo vertical y a la vista: en la yema del dedo veíase algo blancoazulado –el polvo efervescente. Ella me ofreció el dedo. Naturalmente, lo acepté. Y aunque se me subió a la nariz, mi cara logró reflejar deleite. Fue María quien formó un hueco con su mano. Y Oscar no tuvo más remedio que verter algo de polvo en la cuenca sonrosada. Ella no sabía qué hacer con el montoncito. El montículo en su palma le resultaba demasiado nuevo y sorprendente. Entonces me incliné, reuní toda mi saliva, la depuse sobre el polvo efervescente, volví a hacerlo y no me incorporé hasta que ya no me quedaba más saliva. Sobre la mano de María empezó a sisear y a formarse espuma. Y de repente, el Waldmeister se convirtió en volcán. Aquello empezó a hervir, como la furia verde de no sé qué pueblo. Aquí ocurría algo que María no había visto nunca aún, sin duda, ni había sentido nunca, porque su mano se estremecía, temblaba y quería huir, ya que Waldmeister la mordía, Waldmeister le atravesaba la piel, Waldmeister la excitaba y le daba una sensación, una sensación, una sensación... Conforme el verde aumentaba, María se iba poniendo colorada, se llevó la mano a la boca, se lamió la palma con la lengua muy afuera, lo que repitió varias veces y en forma tan desesperada, que ya Oscar creía que la lengua no lograba eliminar aquella sensación de Waldmeister, sino que, por el contrario, la aumentaba hasta el punto y aún más allá del punto que normalmente le está fijado a una sensación. El tambor de Hojalata de Günter Grass Las horas ganadas Hoy el día empezóalgunas horas antes de lo normal, cuando el Sol no despuntaba por el horizonte. Son las horas ganadas. Cuendo el ritmo se sincronice con la vida con mi vida a lo mejor las cosas se aclaran. Son las 9:30 y quizás hoy viva más y vegete menos, aunque los árboles, las plantas también realicen vitales funciones. Llenando el molinillo con negros granos de café, escribiendo esto o charlando lavida se encauza por los lechos de la tranquilidad. Los contadores del sentimiento de culpa están hoy acero, todavía pues cumplí con mi cometido. Ahora espero con los ojos pesaqdos a terminar mi mezcla de leche y café muy azucarada. El tiempo se mueve a mi favor Las velas del día se hinflan, abiertas por completo para la travesía el trayecto por el dulce lago de la tranquilidad. Naranjas en la fresquera, suizos en su caja de cartón, servilletas en su sitio y la gente a lo suyo. Me invitan al café. Definitivamente esto va bien, por ahora. Escrito en la cafetería Menorca en el mes de Marzo de 2005 ( o por ahí). Stand-by Sentado en la camadesnudo me seco en la ardiente noche corta mientras estaba liado en toallas leía al viejo Bukowski y pienso que mis poemas son una mierda. Si, no soy muy bueno ni muy malo mediocre esa es la palabra. La televisión está apagada. No corre ni una brizna de aire. Círculos concéntricos alrededor de mi cabeza peinada por una vez. Se oyen ruidos y voces por el patio de luces ahora en sombras la música al lado. Mi consternación está en stand-by por el momento. Ya corroerá más tarde. Junio 2005 Kontxa Al levantarme el día me dio los buenos días en forma de nubes grises apantallando la estrella de la vida. Las microondas calentaron el café y la leche levemente. La jornada proseguía y los planes iban cambiando. El Calor. La brújula ya no apuntaba al iridio negro sino a la Contxa, verde azul blanco amarillo y el rosa de mi piel moteada. Voces de megafonía ensordecían la paz de la tarde. I... y yo a remojo y G... tendido en la toalla aburrido, bajo el sol débil del Norte que apretaba más de lo normal, jugaba y nos retrataba, temiendo ser confundido con un asaltacunas. Después en la arena nos acordabamos del Ex-yonky, que no era tan ex, de los vestidores, al que pagué, creemos, parte de su viaje por galaxias infinitas... Y luego... ... las patatas. |
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